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La importancia de las cosas bonitas

La importancia de las cosas bonitas

Con las primeras luces de la mañana ya podemos percibir el contorno de los

árboles, la curva fija de los edificios recortados contra el cielo, los

reflejos todavía vacíos de una calle que a lo largo del día irá envolviéndose

de movimiento. Son sólo trazos, esbozos incompletos de una forma sin interior

definido. ¿Cómo será lo que por fin dé cierre a la línea hueca? ¿Qué

descubrirá el sol cuando alumbre plenamente?

Detrás del contorno de los árboles pueden esconderse restos de basura olvidada

por la noche, residuos que invadan la tierra que sirve de sostén y guarida a

sus raíces. Quizás la curva de los edificios quede completa con monótonas

ventanas grises, enemigas de la luz y de las flores, y asociadas con los

difícilmente estéticos aparatos del aire acondicionado; quizás la pintura que

cubre la fachada esté completamente desconchada y abandonada desde un primer

momento a la opacidad del color mustio y sin brillo. ¿Qué habrá en las aceras

de una calle abarrotada? ¿Panfletos chillones esparcidos por el suelo,

carteles absurdos, comercios descuidados, restos de cosas que nadie quiere y

tampoco ve?

La imagen viva y cambiante de la realidad llega a nosotros por medio de

sensaciones, de estampas breves, de objetos que resplandecen a nuestros ojos,

¡y qué diferente es la llamada de la belleza a la de lo insulso, lo yermo, lo

carente de vida! Caminar entre árboles que ofrecen su verdor al día, observar

las líneas cuidadas de los edificios, detenerse en una puerta de madera

barnizada y misteriosa, parar bajo un balcón que regala color con las flores

de sus macetas (¿qué se esconderá tras los cristales, quién habrá elegido los

pensamientos, quién los jazmines?). Qué diferente atravesar calles donde los

detalles aguardan a su descubridor, al paseante que se embriague de cada gota

de belleza. Uno siente que el espacio se ensancha, que el día a día es

agradable, un pequeño viaje lleno de sorpresas. Con lo hermoso, el tiempo

pierde parte de su aspecto terrorífico, y aparecen nuevas metas que cumplir en

nuestra agenda que, sin embargo, no eliminan las anteriores, pues lo bello no

anula lo útil ni lo contradice. Existe la eficiencia en la belleza, pues lo

hermoso no sólo precisa contemplación, sino acción y proceso de cambio. Con la

palabra arte, una manifestación más de la belleza, William Morris defiende

esta relación simbiótica de lo estético y lo práctico, y especialmente su

aplicación colectiva, pues considera que se trata de un ingrediente esencial

en la sociedad: What business have we with art unless all can share it?

Morris, diseñador textil, poeta, novelista, traductor, activista; es un

ejemplo perfecto no sólo de la necesidad de la belleza sino de su capacidad de

llegar a todos los aspectos de la vida. En su novela News from Nowhere,

publicada en 1890, habla de lo hermoso como elemento siempre presente en lo

cotidiano, en los bienes domésticos, en el cuidado de las carreteras y la

conservación del campo, en la cuidadosa estructuración de las ciudades.

¿Cuántas veces separamos lo bonito de lo práctico y priorizamos esto último,

asumiendo que si un producto cumple su utilidad esperada ya ha alcanzado su

máximo rendimiento? Lo hermoso trae la pizca de luz que buscamos sin saberlo,

enciende una chispa y nos impulsa, convierte lo rutinario en una aventura de

constante descubrir.